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PLAN B
El peligro en Barracas

Los especuladores no quieren perderse el próximo Palermo Viejo y ya inventaron un Barracas Dulce. Ridículo y muy lucrativo, el proceso está beneficiado por la zonificación del barrio y la total inercia legislativa.

Por Sergio Kiernan

El antes y después muestra con qué se reemplazaron las casas patrimoniales destruidas en el barrio. Edificios mediocres, mal construidos pero grandes y mucho más rentables para los especuladores. En la tapa, algunos edificios que están en peligro de ser demolidos.El barrio de Barracas va a ser destruido. Es el próximo gran negocio urbano, aplaudido por los vivos que se van a llenar los bolsillos y los inocentes que siguen creyendo que, a mayor densidad, mejor ciudad. En el camino a crear un muy rentable bloque de edificios en altura se va a arrasar uno de los mejores conjuntos urbanos de Buenos Aires, uno de notable coherencia, toques de belleza y calidad. Una vez más se trata a nuestra ciudad como se trató al Amazonas, como un depósito de maderas para hacer muebles. Y encima cortar los árboles era vendido como “progreso”.

El barrio no va a desaparecer sin dar pelea y ya tiene una herramienta de resistencia a este progreso falluto que se está luciendo. La ONG Proteger Barracas compiló un estudio de lo que está pasando en su rincón porteño de un rigor ejemplar y enorme calidad conceptual. Allí se puede encontrar otra mirada sobre este conjunto urbano: mientras que urbanistas y arquitectos –y más de un activista social– sólo ve patologías y problemas a demoler, Proteger Barracas destaca a su barrio como una creación colectiva obrera, industrial, de clase media, con edificios del siglo 19 todavía existentes y una historia bien tejida. Barracas fue un arrabal despejado atrás de La Boca hasta que nuestra ciudad se transformó en un polo industrial y el lugar fue urbanizado. Eso explica uno de sus rasgos más ganadores, los largos conjuntos de fachadas y alturas parejitas, típicos de lugares construidos en bloque.

Para nuestra desgracia comunitaria, estos bloques significan terrenos grandes donde construir torres. La destrucción de Barracas está comenzando por una zona donde estuvieron las fábricas de Bagley, Aguila, Cruz de Malta y Canale, que algún marquetinero pajarón bautizó como Barracas Dulce. Pese a lo tontísimo del nombre, el anuncio de obras públicas como la construcción de un polo de gobierno en el barrio excitaron a los especuladores, que no quieren perderse el próximo Palermo Viejo.

Este “progreso” significa exclusivamente la destrucción material del barrio y su reemplazo por edificios mediocres, mal construidos y grandes. Esto se debe a la legislación imperante, que zonifica Barracas como si fuera campo abierto, como si no existiera ningún edificio. Según la zonificación imperante, todas las avenidas deben ser demolidas y reconstruidas como paredones de torres. A las calles interiores no les va a ir mejor, ya que son R2aII, lo que significa que –de acuerdo al ancho de la calle en cuestión– se puede ir para arriba hasta los treinta metros. Este simple hecho crea una lógica económica muy simple en que casa que se vende es casa que se demuele. Ni siquiera el más romántico podrá preservar una de esas casas, ya que se la van a cobrar como un terreno ya libre, para construir en altura.

Y hablando de románticos, estas zonificaciones fueron creadas por urbanistas y arquitectos que realmente piensan que destruir Barracas –o la ciudad toda– y reconstruirla con departamentos es algo positivo. Algunos lo hacen para favorecer el negocio inmobiliario, pero otros piensan que eso mejora la vida urbana. Por algo se encuentra uno con que la región que va al sur de la avenida San Juan-Directorio tiene además una declaración de Area de Desarrollo Prioritario, con lo que las alturas se aumentan en un 25 por ciento. Cualquiera que vea lo que se está construyendo por allá entenderá el horror arquitectónico que se viene...

La zona de Barracas que vive ahora este “boom” es la más cercana a San Telmo y su APH, que ya llegó al parque Lezama. La tendencia indica que el barrio histórico y el parque terminarán rodeados por un paredón de medianeras y frentes en altura. En el camino se perderán miles de edificios irremplazables, decretados como basura a demoler por su mal estado o simplemente porque no ocupan todo el volumen que hoy se considera normal. Las fotos muestran con qué se reemplazó lo demolido.

Barracas tiene muy serios problemas sociales y una cantidad de edificios en mal estado, ocupados, abandonados o simplemente habitados por personas que no pueden o no quieren mantenerlos. De este lado del océano, la única solución concebible parece ser la demolición y reemplazo de edificios y personas. Esto se hizo en Harlem y en Buenos Aires, con resultados parecidos de alienación y mediocridad constructiva, con los pobladores originales etiquetados como un problema y despachados de su barrio. Que para algo Buenos Aires tiene tanto suburbio pobre, donde exiliar gente...

La falta de imaginación con que se está tratando a Barracas deja afuera toda posibilidad de reciclar el barrio de otra manera, como una zona residencial de baja densidad y mucho patrimonio. El dogma de que la densidad es positiva es absoluto.

Por suerte tenemos una Legislatura donde los arquitectos hacen lobby pero no mandan, lo que da esperanza de que se tomen algunas medidas bastante simples. Una es bajar las alturas, cambiando la zonificación del barrio de R2aII a R2bII, como se hizo en Caballito luego de una fea pelea con los vecinos. Otra es proteger como bienes históricos los conjuntos edificados, que son realmente notables y únicos. Al contrario de lo que dicen los interesados en demoler, la protección no desvaloriza ni “museifica”, sino que eleva el valor de los edificios al bajar el de los terrenos.

Teresa de Anchorena volvió a presentar su proyecto de catalogación de 80 edificios en el barrio antes de dejar su banca porteña en diciembre. El estado parlamentario del proyecto es la única y tenue defensa de esos edificios ante la piqueta lucrativa. ¿Hay quien proteja a este barrio?

Link a la nota:
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/suplementos/m2/10-1798-2010-02-13.html
PLAN B
Gracias a Proteger Barracas por enviarnos la nota.

La falta total de planeamiento para el Casco Histórico permite el vandalismo, el exceso de comercios y la saturación de turistas. Y el barrio está perdiendo población permanente.


Por Sergio Kiernan

El Casco Histórico porteño ha vuelto a su estado normal, abandonado de la mano del gobierno local y entregado a fuerzas que nadie prevé ni planea. El ministro Daniel Chaín se escaldó con su guerra de los adoquines y ya no anda inventando obras que le den gloria, mientras que su lamentable colega Juan Pablo Piccardo ahora se dedica a los subtes, reemplazado por Diego Santilli, tan flamante que todavía no se conocen sus intenciones. Esta situación tal vez sea mejor que la que hubo a principios de año, pero en San Telmo están bastante preocupados por temas puntuales que demuestran la falta que hace una política en serio hacia nuestro barrio histórico.

Lo que ven los vecinos es que San Telmo está siendo gentrificado, una fea palabreja norteamericana que indica el proceso por el cual la población de un barrio es reemplazada por gente de mayores recursos (viene de gentry, un arcaísmo para clase alta). El cálculo es que de los 28.000 habitantes del barrio ya se deben haber mudado, porque querían o porque ya no podían pagarse el lujo de vivir en San Telmo, por lo menos el 15 por ciento.

Las inmobiliarias especializadas reportan lo que ya es casi una regla: cada departamento o casa que se vende se recicla, y cada propiedad que se recicla se transforma en un local o en un temporal rental, por día o por semana y en dólares. Hasta en los conventillos está ocurriendo, como en el que está en la calle Defensa, al lado del zanjón, que originalmente era un convoy malevo, luego fue bien reciclado y mantuvo una población de recursos medios o bajos, y ahora está siendo transformado en una “experiencia” tanguera para los visitantes.

Esta tendencia es marcada por el mercado pero no es algo inevitable y automático, como el clima. El gobierno porteño no para de promocionar San Telmo como lugar turístico y únicamente turístico, mientras que permite que se lo cerque con un verdadero muro de edificios de alta densidad. No sólo existe Puerto Madero, que orilla el barrio por su bajo, sino que Paseo Colón está siendo demolida para construir torres masivas, como si fuera un lugar cualquiera. Las torres hasta amagan entrarle al tejido barrial, como el “Quartier San Telmo” –¿quién es el pajarón que inventa esos nombres?– que amenaza levantarse en avenida Garay.

Este peculado mental es típico de los funcionarios municipales, que siguen sin entender que demoler y reemplazar por algo más grande no es progreso, quizá porque son arquitectos y piensan en números y contratos, aunque te citen el Modulor. También se explica así lo hueco de la protección a la misma materia del Casco Histórico, que son sus edificios.

Por ejemplo, el constante vandalismo de los locales, que se remodelan sin el menor control. En San Telmo se alquila una casa, se tiran los ventanales y se pone un vidrio fijo para transformar las aperturas en vidrieras. Los comerciantes son unos verdaderos retardados, pensando que este vandalismo les permitirá vender más. Y la pasividad del gobierno porteño ya es de dar risa: ni siquiera se dan por enterados. Así se ven locales que ponen cielorrasos de aluminio, tiran paredes abajo en casas centenarias y quiebran toda regla de iluminación, sin sanciones, multas o inspecciones.

Un caso paradigmático es la Casa Esteban de Luca, la esquina vieja de Defensa y Carlos Calvo. Es una casa tan histórica que faltan palabras, la única con aspecto colonial, junto a la de Liniers. Por muchos años, fue sede de un restaurante homónimo, recientemente reemplazado por uno francés llamado Chez. El nuevo restaurante implicó una remodelación de interiores que se hizo con total libertad, sin esos controles públicos tan molestos. Para terminar el carnaval, la casa quedó en parte blanca, en parte rosa y

en parte cremita, como un cucurucho de tres sabores. Y luego Chez quebró. La esquina histórica está ahora abandonada, en alquiler, pintarrajeada y remodelada. El próximo que la alquile sentirá sin duda el impulso irresistible de volver a remodelarla, y así va nuestro patrimonio. Y no es un caso aislado: los alquileres son tan altos que ya se fueron casi todos los comercios normales de un barrio y ahora están en problemas los comercios para turistas. Habrá muchas más remodelaciones.

Quien visite San Telmo y camine en círculos alrededor de la placita Dorrego notará que el barrio se está transformando en una sucesión de bares y anticuarios, donde ya cuesta encontrar un kiosco y hay hasta que caminar para encontrar alimentos. Hasta el mercado local está siendo copado por anticuarios, perdiendo su función original y dando otro ejemplo de la exageración argentina, donde un día todas son canchas de paddle y otro todas son maxipollos.

La nueva crisis que encapsula estos problemas se da en la discreta esquina de Bethlem y Anselmo Aieta, la “de atrás” en la placita Dorrego. Quien se acerque se encontrará allí un lindo garage vagamente español, fechado en las alturas en 1906. El edificio tiene un gran portón verde de hoja doble de maderas verticales, una segunda entrada más pequeña, un localito y una evidente vivienda en el primer piso. Lo de 1906 se refiere al edificio actual, porque este es de los primeros solares de la ciudad española y la tradición local cuenta que se usó como prisión en tiempos de Rosas, que abajo también hay túneles y que su posicionamiento casi asegura que toca el zanjón de Granados, la gran obra pluvial del virreynato. En 1880, cuentan los registros, funcionaba allí una herrería y todavía se ven las argollas de hierro para manear los caballos en la vereda.

Lo que se ve en superficie es el garaje al frente de un terreno muy largo que avanza hacia Bolívar y contiene un gran galpón. Un buen día apareció en su balcón, bien arriba donde fuera difícil leerlo, un aviso de obra con el expediente 1.273.046/09 fechado el 15 de diciembre. Lo muy curioso del cartel es que hablaba de obra nueva, sin demolición, y no aclaraba, como indica la ley, los metros a construir o el FOT. Los vecinos se movilizaron, preguntaron, hasta lograron que el director del Casco Histórico, Luis Grossman, inquiriera sobre el asunto –hecho nada menudo– y fue entonces que el cartel desapareció. El garaje estaba esta semana cerrado y sin señales de vida.

Como el cartel nada dice sobre el futuro uso del edificio, otro elemento que debería estar presente por ley, es imposible determinar exactamente qué ocurrirá en el lugar. No cuesta pensar en más alquileres temporarios y varios piensan que habrá un hotel, que se sumará a la saturación general. Lo que lleva a que los vecinos de San Telmo estén ya planeando un pedido de fondo, por ley: que haya cupos para la cantidad de restaurantes, hoteles y departamentos de alquiler temporario en su barrio. El gobierno porteño evidentemente no tiene la imaginación de pensar en estas cosas y los vecinos quieren evitar que el Casco Histórico termine siendo un barrio de turistas y de personas que trabajan para los turistas, para luego irse a dormir a otro barrio.

Con que se pierdan otros cinco mil habitantes permanentes ya estaremos en eso.

PLAN B
NOTA PUBLICADA EN CLARIN, EL 3 DE ENERO DE 2010. DESARROLLO URBANO: DATOS OFICIALES DE UN RELEVAMIENTO CUADRA POR CUADRA DEL GOBIERNO PORTEÑO

Cae un mito: sólo un cuarto de la Ciudad tiene edificios

El 96% de las construcciones no supera los diez pisos

Por: Nora Sánchez

Un mito acaba de derrumbarse: en Buenos Aires no predominan los edificios altos, sino las construcciones bajas. El Ministerio de Desarrollo Urbano porteño hizo un relevamiento parcela por parcela para determinar los usos de suelo. Y detectó que apenas el 23,4% de las 296.533 edificaciones destinadas a viviendas o departamentos, oficinas, instituciones o fábricas que hay en la Ciudad tienen tres o más pisos. Y el 96,1% no supera los 10. La mayoría tiene uno o dos pisos y los edificios en altura ocupan menos de un cuarto de la superficie porteña. Los urbanistas dicen que la Ciudad parece más alta porque determinadas zonas están más densamente construidas. Y advierten que hace falta planear un diseño de ciudad para que el crecimiento sea equilibrado.

Durante un año y medio, 15 investigadores de la Unidad Sistemas de Inteligencia Territorial (USIT) recorrieron las 318.000 parcelas porteñas para relevar los usos del suelo. Así verificaron que en el 93% hay construidas viviendas, departamentos, oficinas, edificios de destino único (como hoteles, hospitales o escuelas) y fábricas. Pero también descubrieron que el 76,6% de esas edificaciones tiene uno o dos pisos y el 13,3%, entre 3 y 5. Y en 105.166 parcelas, más de un cuarto de la ciudad, todavía hay casas unifamiliares.

Pese a la percepción de la gente, los edificios en altura aún son minoría. Sólo el 3,9% de las construcciones supera los 10 pisos, incluyendo 1.347 torres de más de 15. "La gente percibe otra cosa porque la Buenos Aires que más vemos es la céntrica -dice el ministro de Desarrollo Urbano, Daniel Chaín-. El desafío del desarrollo es ir llevando la actividad a las zonas menos densamente edificadas para ir compensando la Ciudad".

Los barrios con más edificios altos son San Nicolás, Recoleta, Retiro, Palermo y Belgrano, en el corredor norte. Y en el oeste, Monserrat, Almagro, Balvanera, Caballito y Flores, con Rivadavia como eje. Las construcciones bajas predominan en el sur, en barrios como Mataderos, Villa Soldati o Villa Riachuelo. También se mantienen bajos Devoto, Villa Pueyrredón, Monte Castro y La Paternal.

"La edificación de la Ciudad terminó hace 50 años -explica el geógrafo Fernando Alvarez de Celis, director general de Planeamiento y coordinador del relevamiento-. El fenómeno que se está dando ahora es la densificación o desarrollo en altura. En promedio, construyen 1.120 edificios por año. A este ritmo, las parcelas con menos de 3 pisos serían completadas con edificios en 250 años. Claro que esto es sólo en términos teóricos, porque el Código de Planeamiento preserva la baja densidad de algunas zonas. Y por ahora, la densificación se concentra en áreas centrales".

En la Ciudad hay 5.562 lotes sin construir y 2.515 edificios abandonados. Por eso para hacer nuevos edificios hay que demoler construcciones más bajas. Ahora hay 8.860 en obra, la mayoría en zonas ya desarrolladas en altura. "Como hay áreas que se fueron saturando, también empiezan a levantar edificios en barrios como Villa Urquiza o Villa Crespo", dice Chaín.

"La construcción en altura está concentrada en muy pocos barrios, como Barrio Norte, Caballito o Villa Urquiza -coincide el urbanista Ricardo Koop, presidente de la Subcomisión de Planeamiento de la Sociedad Central de Arquitectos (SCA)-. Pero hay una gran parte de la ciudad a la cual no llegó esta burbuja inmobiliaria. El capital busca las zonas más redituables para invertir, donde tiene asegurado el éxito de venta. Esto genera una gran desigualdad en el crecimiento urbano".

Koop afirma que para ordenar el crecimiento hay que reemplazar el Código de Planeamiento Urbano actual, que determina la cantidad de m2 que se pueden construir en un terreno multiplicando la superficie de éste por un número. A esto se le llama Fórmula de Ocupación Territorial (FOT). Así, sumando varias parcelas es posible levantar edificios altos aún en zonas bajas. "El Plan Urbano Ambiental aprobado hace un año apunta a generar un nuevo código que va a cambiar el FOT por un límite claro de la altura, que va a respetar la morfología de las zonas", anticipa Koop.

Al urbanista Enrique García Espil, también de la SCA, no lo sorprende que en la Ciudad haya 69.318 edificios de más de 3 pisos, contra 227.215 de menos de 2. "En Buenos Aires más del 40% de la población habita viviendas individuales, cuando en París es el 4%. La nuestra es una ciudad muy diversa, con zonas de casas, departamentos y torres. Esto es bueno, excepto cuando todo está mezclado en la misma manzana, como ocurre Además, hay muchos lotes chicos, de 8,66 metros de ancho, lo que hace que en la misma cuadra convivan 12 o 13 fachadas distintas. Hace falta buena planificación urbana e inversión pública".

"Buenos Aires sufre no haber tenido un proyecto de Ciudad para ir creciendo con coherencia -opina el arquitecto José Antonio Urgell-. Hay que planear ese diseño. No propondría intervenciones en barrios ya consolidados, buscaría sitios que se puedan desarrollar, como la zona sur. Ahí hacer torres con luz y aire puede ayudar a mejorar la calidad de vida. Antes, hace falta inversión pública y un buen sistema de transporte"

PLAN B

Nota publicada en Clarin Inmuebles..

Vecinos organizados en grupo presentaron un proyecto a la Legislatura porteña para limitar las construcciones.


Se sabe que algunos grupos de vecinos nucleados en alguna ONG o simplemente organizados están en contra de la construcción de nuevos edificios y de torres que afecten la situación edilicia y los paisajes de los barrios.

Uno de estos casos ya se dio el año pasado en los barrios de Caballito y de Palermo, por citar solo algunos, y ahora la situación se está repitiendo en el barrio de Barracas. Un grupo llamado Proteger Barracas, presentó un proyecto que está debatiendo la Legislatura Porteña para limitar la construcción en altura en ese tradicional barrio porteño.

Lo que los vecinos quieren es que algunas zonas del barrio se “rezonifiquen” para que aquellas zonas de Barracas que están catalogadas como residenciales no puedan tener viviendas de mucha altura, además de proponer la ampliación del área de protección histórica número 1 a la Avenida Caseros entre Perú y Montes de Oca a metros de la estación Constitución.

Además se pide que se construyan edificios en altura solamente en las avenidas para no afectar las calles y así se protejan alrededor de 80 edificios de valor patrimonial. Ahora habrá que esperar que la Legislatura se expida y que las construcciones sigan o no dependiendo de esa situación.

http://articulos.inmuebles.clarin.com/?p=700

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